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Ojos y boca cerrados

«En nuestras congregaciones, cerrar los ojos —y la boca— a lo que sucede en Francia, Medio Oriente, E.U.A. y otros cuantos países, es ignorar lo probable, lo inminente y lo que ya ocurre aun en nuestra América Latina; es abandonar la atalaya en pro de una tranquilidad artificial que adormece la conciencia, y que diluye la necesidad de vivir un cristianismo y de hacer iglesia como aquellos del primer siglo».

—David Franco, «La Carrera No Ha Terminado»


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