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El rechazo de lo que Dios llamó bueno

«Despreciar la gloria de la masculinidad es rechazar la imagen misma de Dios. Despreciar el tesoro de la feminidad es rechazar lo que la Biblia denomina la gloria del hombre. Ese es el problema del feminismo: es el rechazo de lo que Dios llamó bueno. Ha ido demasiado lejos en sus esfuerzos por solucionar las inequidades de vivir en un mundo caído. Es una rebelión contra el derecho de Dios de ser Dios y nuestra responsabilidad de someternos a él con gozo».

—Sue Bohlin, «Feminismo», Ministerios Probe


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Vivir, aprender, ¿cuál primero?

«Mientras que el mundo te dice: "Vive, para que aprendas", Jehová Dios te dice: Aprende, para que vivas.

"Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir" (Is 48:17)».

—David Franco, «La Carrera No Ha Terminado»

Los no alcanzados son...

«Hacer discípulos, alcanzar a todas las etnias, los pueblos, las naciones: este es el mandato.

»¿Y qué de los "no alcanzados" y las metodologías de medición para determinarlo?

»Yo quiero proponer que una persona no alcanzada es cualquiera que esté viva y que nunca ha escuchado el evangelio, o que ha rechazado el mensaje de salvación, o que ha escuchado y lo está considerando, o que ha dicho entenderlo y haber “aceptado” a Jesús pero que no ha puesto realmente su fe y confianza totalmente en Él. Y hay muchos en nuestro propio pueblo —nación, etnia—, este en el que vivimos en este momento y en cada rincón de nuestro territorio nacional».

—David Franco, «La Carrera No Ha Terminado»

Gangrena espiritual

«Una iglesia que no corrige sus errores, problemas y omisiones, y los busca tapar con su silencio y su activismo, es como aquel malherido que se cubre la llaga con una gasa sin antes limpiarla y poner antibiótico en ella. En un tiempo, su herida se infectará, infectará todo su cuerpo, le producirá dolores y fiebre y terminará causándole la muerte. El mismo destino le espera a una iglesia indolente y orgullosa».

—David Franco, «Cristianismo Ficción»